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Historia

Gracias a los fósiles podemos saber de ríos, deltas y mares que conformaban el paisaje de Coahuila hace 75 millones de años. Los fósiles de reptiles marinos (ictiosaurios) y los amonites (parientes lejanos de los actuales nautilus) nos hablan de un extenso mar. (1)

Los primeros pobladores

Los primeros pobladores de esta región llegaron hace 12,000 años. Se asentaron entre los ríos Nazas y Aguanaval. En ese entonces el entorno contaba con una abundante y diferente vegetación a la actual. En lo que hoy se conoce como el desierto chihuahuense, hace 13,000 años era un bosque de encinos, pinos y robles.

Entre los ríos Nazas y Aguanaval había pobladores nativos cuyas razas o idiomas eran paoquis, caviseres, ahomanes, nauopas; en el venero de agua, irritilas, mevisas, miopacoas, maiconeros y otras; por el rumbo de Mapimí habitaron los tobosos, conchos, coahuiltecos; y para el oeste zacatecos, cocoyemes y tepehuanos. (2)


En aquel entonces, esta tierra era de lagunas y manantiales donde abundaban la caza y la pesca que aquellos nativos aprovechaban para subsistir. La recolección de frutos fue otro de sus medios de sustento. A la llegada de los españoles se convertiría en la Comarca Lagunera, estando habitada por nativos de la que llegaría a ser conocida como Nación Chichimeca, según los historiadores, se caracterizaban por ser seminómadas y de carácter indómito.

Se alimentaban de peces, hierbas, calabazas, carnes de venado y patos de los lagos, también lechuguilla, mezquites, tunas, frutos de maguey. Aprovechaban las fibras de la lechuguilla para tejer morrales, petates, camas, sacos y vestiduras, cestos, redes, sandalias, y cordeles de diferentes diseños. Usaban la nasa, una especie de cesta que utilizaban para pescar, tejida con varas de río y con un orificio para que los peces entraran pero no pudieran salir, fue ideada por aquellos nativos, que sumergiéndola en el agua, la sacaban al día siguiente colmada de peces, ya fuese en el río de las Nasas, o bien, en el Aguanaval y las numerosas lagunas que entonces había por estas tierras. (3)

Los testimonios que dejaron esos aborígenes, por su misma condición nómada, son escasos: entierros en la Cueva de la Candelaria, objetos rituales (cuernos de venado), y artefactos de uso cotidiano (raspadores, puntas de flecha). Sin embargo, las huellas más interesantes dejadas por el hombre primigenio en la Región Lagunera están constituidas por sus intentos de dejar un mensaje a través del tiempo: la escritura. (4)

Esta se manifestaba de dos maneras: pinturas rupestres y petroglifos. Las pinturas eran realizadas preferentemente en cuevas y riscos, aplicando con los dedos pigmentos de origen orgánico o mineral a la piedra. Los colores predominantes son el rojo y el ocre. Los petroglifos a su vez eran grabados con cinceles en la roca. Estos fueron los primeros habitantes de la Comarca Lagunera. (5)


La Conquista

Una de las expediciones, tal vez la primera que partió de Nueva Vizcaya (territorio comprendido en los estados de Coahuila, Zacatecas y Durango), era acompañada por el religioso Fray Pedro Espinareda, en 1566 y recorrió por las márgenes del Río Nazas hasta la Laguna de Mayrán por las cercanías de Parras, que siendo un lugar hermoso poblado de árboles y vides silvestres, había grupos de naturales. (6)

Misionero explorador y evangelizador el Padre Jesuita Juan Agustín de Espinoza empezó a rondar la región en 1854, y llegó a fundar la Misión de Santa María de las Parras en febrero de 1598. (7)

En La Laguna, los irritilas erraban en lo que hoy son los municipios de Gómez Palacio, San Pedro, Torreón y Parras. La historia consigna que cuando Antón Martín Zapata y el sacerdote jesuita Juan Agustín de Espinoza fundaron Santa María de las Parras lo hicieron con indígenas irritilas, mayranas y mexicaneros. Otra tribu encontrada por los misioneros fue la de los tobosos; nómadas y crueles que habitaban en la parte norte de la Comarca Lagunera; en lo que es el Bolsón de Mapimí y hasta el río Bravo.

Plantaban viñedos que a principios de 1700 eran más de cuatro millones y medio de parras. Los jesuitas evangelizaban, poblaban y colonizaban. Así mismo se dedicaban al cultivo de árboles frutales, y trajeron la higuera, la vid, naranjos, manzanos, perales, duraznos, aguacates mexicanos, nogales y granadas, etc. (8)
En la Casa Madero, hacienda ubicada en las afueras de Parras, se trabajaba con el cultivo de la vid, hoy es posible visitar el lugar, hay guías turísticas que explican los procesos de producción del vino.


Realizada la conquista hispánica de las tierras que formaron la jurisdicción de la Nueva Vizcaya, éstas pasaron por derecho de conquista sancionado por una carta del Pontífice Alejandro VI, a formar parte del Real Patrimonio de la Corona de España, bajo la denominación de tierras realengas, tierras que se consideraban sin dueño y que se subastaban. (9)

La base principal para el surgimiento de la Comarca Lagunera como núcleo de población y producción, fueron las haciendas, que evolucionaron desde fines del siglo XVI, como polos de colonización, hasta los modernos centros de explotación agropecuaria de nuestros días.

El Marqués de Aguayo

En el año de 1730 el Marqués de Aguayo poseía, por su esposa, la propiedad de mayorazgo concedida por el rey Carlos II a los descendientes del conquistador Don Francisco de Urdiñola. En esos años los límites del mayorazgo llegaban a los linderos del vecindario de Santa María de las Parras. Con el fin de acrecentarlo, el Marqués solicitó que le fueran concedidas tierras como una extensión de ciento quince sitios de ganado menor, situadas desde la punta del Baicuco hasta la sierra donde desemboca el río Nazas, pasando por la otra parte hasta el cerro de Santiago, cuyo sitio se registró con todas las aguas del río, charcos, chupaderos y ojos de agua que había en dichas tierras. (10)

Hechos los avalúos a dos pesos por sitio, se remataron a los Marqueses de San Miguel de Aguayo y Santa Olaya y Condes de San Pedro del Alamo en doscientos cincuenta pesos la media anata en la Real Audiencia de Guadalajara el 22 de enero de 1731.

En 1820, un siglo después de las primeras tramitaciones para el mercedazgo de estas tierras, continúan siendo patrimonio de los poderosos Marqueses de Aguayo. El último de esos señores figuró en la época colonial dentro del gobierno del Virreinato. Durante el Imperio de Iturbide aparece por última vez en funciones públicas. (11)

“Establecida la República, las extensas tierras del Marqués de Aguayo comprendidas en la Región Lagunera pasaron por compra al dominio de Don Melchor Sánchez Navarro, rico heredero de Don José Miguel Sánchez Navarro, cura de Monclova, uno de los fundadores de la capital del estado de Coahuila”. (12)

“Tiempo después, los bienes propiedad que adquirió Don Melchor, pasaron a sus herederos Don Jacobo y Don Carlos Sánchez Navarro, quienes a su vez tomaron a su cargo la obligación de pagar a los descendientes del Marqués de Aguayo, residentes en España, la cantidad de treinta mil pesos, que el autor de la herencia quedó adeudando de la compra a los nobles vendedores”. (13)

Los señores Leonardo Zuloaga y Juan Ignacio Jiménez

El día 12 de julio de 1843 Don Jacobo Sánchez Navarro, en su nombre y el de su hermano Carlos vende a los señores Leonardo Zuloaga y Juan Ignacio Jiménez la hacienda conocida como San Lorenzo de la Laguna, con todos sus anexos, y cuyas tierras están situadas en las demarcaciones del Alamo, de Parras y Mapimí, por la cantidad de ochenta mil pesos. (14)

Leonardo Zuloaga, un vasco (región del norte de España) llegó a México poco después de la Independencia y residió en Saltillo, alrededor de 1830 había contraído matrimonio precisamente con Luisa Ibarra cuya familia, originaria de Parras y con lazos familiares con los Sánchez Navarro, poseía la Hacienda de San Lorenzo de Parras cerca de esta villa colonial. (15)
En 1849 se planearon las primeras obras para el aprovechamiento de las aguas del río Nazas; el señor Juan Ignacio Jiménez principió la construcción de la presa de Calabazas, derivando las aguas del río por su margen izquierda para irrigar las tierras comenzadas a abrir el cultivo en Santa Rosa. (16)


Poco tiempo después, en 1850, mil seiscientos metros río abajo, fueron iniciadas las primeras obras de la presa de Leonardo Zuloaga, proyectada primero como el Carrizal, construido por Juan Francisco Fierro y administrada por Juan Lobo del Valle. Más tarde se le conoció como Presa del Torreón, y finalmente, como la del Coyote. (17)

La construcción de la presa de Las Calabazas, cuyo fin era utilizar las aguas del Río Nazas para irrigar los cultivos de algodón, dio auge a esta zona: incrementó la industria textil y creó lazos comerciales entre Durango, Peñón Blanco y Lerdo. Ver en esta actividad una fuente de riqueza mantuvo la expectación de nuevos habitantes que comenzaron a llegar a la región.

La construcción del primer torreón

En 1850, Leonardo Zuloaga había ordenado que en la margen derecha del río se construyera un torreón (torre de vigilancia), el primer torreón, a cargo de su administrador, Pedro Santa Cruz al cual se le agregó una cuadra y más tarde una casa. Después se agruparon algunos pequeños locales y a cierta distancia hacia el oriente se empezaron a abrir unas labores con los nombres del El Tajito y El Pajonal. Al conjunto de fincas, jacales y labores se les fue identificando poco a poco bajo el nombre de Rancho del Torreón. Los primeros colonos que se avecinaron junto al torreón fueron los hermanos Peralta: Guadalupe, Melquíades, Serafín y Natividad, gentes humildes provenientes de Cuencamé. Fue entonces, que con la sociedad de los señores Jiménez y Zuloaga, dio comienzo la era agrícola de esas tierras. (18)

En 1852, Don Leonardo y Don Juan Ignacio decidieron partir la hacienda que habían adquirido en común, procurando que sus intereses quedaran en los términos más favorecidos según las circunstancias particulares de cada uno, cosa que se facilitaba grandemente dado el hecho de que el señor Jiménez se interesaba por la parte de la hacienda que quedaba en el Estado de Durango, y el señor Zuloaga se inclinaba de manera absoluta por el lado de Coahuila. (19)

El uso del agua se convirtió en pocos años en el principal motivo de discordia entre estos hacendados a causa de la constante sequía. Habían establecido en una acta privada los límites de sus respectivas propiedades, que de hecho eran los límites jurisdiccionales entre Durango y Coahuila, y habían acordado algunas cláusulas para el uso de las aguas del Nazas. Si bien la sequía representaba una constante amenaza para la agricultura, las incursiones de los indios bárbaros fueron uno de los elementos que más obstaculizaron las actividades productivas, ya que su finalidad era la captura de caballos y de ganado, el saqueo de las cosechas y la destrucción de las construcciones rurales, y terminaron pro obligar a los hacendados a organizar la defensa de sus posesiones. Para contribuir a la defensa contra los indios nómadas, los propietarios del norte desde hacía tiempo habían permitido el asentamientos de agricultores libres en los latifundios, bajo la forma de congregaciones o núcleos colectivos independientes. Peor estos núcleos representaban, al mismo tiempo, un flanco abierto en la estructura social del latifundio ya que los agricultores en ellos establecidos presentaban continuas demandas legales par tomar posesión de las tierras que cultivaban. (20)

Mientras tanto, sobrevinieron los trastornos consiguientes de la guerra entre la República y el Imperio, y Don Leonardo Zuloaga, en constantes y diversas agitaciones decayó física y moralmente y acaeció al fin su fallecimiento. Murió sin sucesión heredando todos sus bienes la Viuda, Doña Luisa Ibarra, a la que al triunfo de la República, le fueron confiscados bajo la acusación de infidencia, por convivir con enemigos. (21)

Doña Luisa Ibarra Viuda de Zuloaga ocurrió a desvirtuar los tremendos cargos que le eran imputados, solicitando a la vez la devolución de sus propiedades, y habiendo sido oída en justicia, el Presidente Juárez dictó acuerdo de que le fueran devueltas. (22)

Una vez en posesión de sus bienes, la señora Viuda de Zuloaga comenzó a reorganizar sus negocios agrícolas y entre ellos, el del Rancho del Torreón. (23)

El 4 de septiembre de 1868, una fuerte avenida en que las aguas del Nazas salieron de cause, derribó el Torreón y la cuadra con todo y casa, pero la presa y el canal ya perfectamente construidos no se afectaron en esa ocasión, mostrando su solidez, continuándose sin interrupción los riegos de las grandes labores abiertas en San Antonio de los Milagros, como entonces se llamaba la Hacienda del Coyote. Un poco después fue de nuevo construida la casa. El Torreón se levantó en la esquina suroeste de la finca. (24)

Para cubrir sus necesidades pecuniarias y atender sus negocios agrícolas, la señora Ibarra Viuda de Zuloaga mandó abrir cuentas corrientes en las casas comerciales que en la Ciudad de Saltillo. Los saldos de sus cuenta en estas casas ascendieron a cifras de cierta consideración y no habiendo sido posible a la señora Ibarra cubrirlos al vencimiento. (25)

Benemérito de las Américas, Licenciado Benito Juárez

El Benemérito de las Américas, Licenciado Benito Juárez, en la Comarca Lagunera durante los azarosos días de la intervención francesa que pretendió instaurar en México el efímero imperio de Maximiliano de Habsburgo. Por aquel entonces, el Presidente Juárez y su comitiva pernoctaron durante unos días en El Gatuño, el actual poblado de Congregación Hidalgo, Coahuila páginas referentes a la historia nacional consignan en sus espacios la jornada emprendida para custodiar el Archivo General de la Nación, ordenada por el Presidente Benito Juárez al general Jesús González Herrera, que a su vez presentara al Benemérito a don Juan de la Cruz Borrego como hombre de confianza bajo quien recayó finalmente la responsabilidad de aquella empresa.

Muy cerca, en la Cueva del Tabaco, don Juan de la Cruz Borrego y un puñado de patriotas ocultaron 55 bultos y cajonería que contenían el Archivo General de la Nación, transportado en un tren de carretas. Inicialmente, aquel archivo quedó en el Arroyo del Jabalí, lugar que a la postre se considero inseguro, por lo que mas tarde se decidió trasladar aquella documentación a la Cueva del Tabaco, donde permaneció durante dos años, hasta ser entregado por don Juan de la Cruz Borrego y sus hombres a una columna del Ejército Republicano en el paraje denominado Punta de Santo Domingo, parte de lo que en el presente es el municipio de Viesca, Coahuila.

A su paso por La Laguna el año de 1864, el licenciado Benito Juárez, en su calidad de Presidente de la República, dio solución al problema que ventilaban campesinos laguneros con el terrateniente Leonardo Zuloaga. Fue entonces que don Benito Juárez erigió en Villa el Rancho de Matamoros, el 8 de septiembre de 1864, encontrándose en Mapimí, Durango. Para ello concedió el fondo legal del nuevo poblado en lo político y jurídico. Además legalizo el derecho de aquellos matamorenses para elegir a sus autoridades.

Con aquel decreto el Presidente Juárez estableció el Cuadro de Matamoros y dotó de tierra a 352 familias. En aquel decreto se estableció que Matamoros pertenecía al Distrito de Parras, pero sólo hasta el año de 1869, en que pasó al de Viesca. Por otra parte se estableció que el Rancho del Torreón pertenecería al municipio de Matamoros.

La iniciativa de Don Andrés Eppen: Los ferrocarriles

En julio de 1879, el señor Andrés Eppen, cuya capacidad en asuntos agrícolas y administrativos era amplísima, se hace cargo del Rancho del Torreón y anexos, y continúan las obras de la Presa del Coyote. Los cultivos se intensificaron en las labores bajo su vigilancia, y las cosechas empezaron a rendir más abundantemente, dejándose sentir entonces lo deficiente de los medios de transporte existentes y cuyo alivio se esperaba con el ya advenimiento de los ferrocarriles. (26)

Es por esto que el 24 de agosto de 1883 Don Andrés Eppen, interesado por el advenimiento del ferrocarril, celebró un contrato que sometió a la consideración de la señora viuda de Zuloaga y que ésta aceptó, por el cual cedía los terrenos necesarios para derecho de vía y el establecimiento de una estación en tierras pertenecientes al Rancho del Torreón. (27)

Llegada del ferrocarril central al rancho del torreón

El 23 de septiembre de 1883 tuvo lugar el gran acontecimiento: la llegada del Ferrocarril Central al Rancho del Torreón y con ella los trenes primeros que solamente traían su material de construcción en vía. (28)

El 23 de agosto de 1886 la Casa Rapp, Sommer y Compañía, sucesora de Don Agustín Gutheil y Cía. de la Ciudad de México, mediante arreglos con la señora Luisa Ibarra viuda de Zuloaga, adquirió por compra, en 220,000 pesos, la hacienda de San Antonio del Coyote y sus anexos, conocidos por los nombres de Solima, El Hormiguero, Guadalupe, Purísima, Granada, Soliz y El Torreón, que ya comprendía El Tajito, San Luis y San Antonio de los Bravos. El pago lo recibió la vendedora, entregándosele en efectivo la cantidad de ochenta y cinco mil pesos, y el resto, ciento treinta y cinco mil pesos, por cancelación de su cuenta adeudada a Don Agustín Gutheil y Cía. (29)

El Ing. Federico Wulff y el trazo de unas cuadras de tierra

El señor Eppen había concebido y venía estudiando la posibilidad de formar un centro de población junto al terreno cedido al ferrocarril para establecer la estación. En noviembre de 1887, solicitó los servicios profesionales del señor Ing. Federico Wulff, que se encontraba accidentalmente en Lerdo, en asuntos de familia, y le indicó que deseaba encomendarle el trazo de unas cuadras de tierra junto al lugar donde iban a cruzar los Ferrocarriles Central e Internacional. (30)

Una vez arreglados los términos del trabajo y su desarrollo técnico en lo que se refería a dimensiones de las cuadras y de las calles que se debían de dejar, se señaló el sitio preciso frente a donde se proyectaba la estación, y desde allí se marcó la iniciación del trazo. (31)

Relata el señor Ing. Wulff que el señor Eppen le manifestó su deseo de que este trabajo fuera realizado de inmediato, y éste accedió, aunque no traía consigo todos los elementos de medición necesarios. Así comenzó a fijar los puntos de los expresados cuadros de tierra paralelamente y verticales a la línea señalada como derecho de vía del Ferrocarril en un lado, y en el otro también paralelamente siguiendo la flexión de la vía del Ferrocarril Central. El señor Eppen dispuso que las manzanas tuvieran cien varas por cada lado, y que se diera a las calles veinticinco varas de ancho. (32)

Luego se procedió a rayar las manzanas señalándose las esquinas con estacas de madera en cada cuadra, pero el Ing. Wulff no venía bien preparado de elementos de medición, y sólo tenía en su poder una cinta de medir de las que se usaban en el Estado de Texas, y se componían de pies y pulgadas; creyendo que tales medidas eran las correspondientes a la vara castellana e hizo los cálculos de medición bajo ese falso supuesto, considerando treinta y seis varas por cada cien pies, y con este motivo resultó la medición de cada manzana con ciento una vara cuatro pulgadas por lado, y las calles de veinticinco varas y doce pulgadas. (33)

Una vez hecha la rectificación de medidas convirtiendo con exactitud al sistema métrico decimal, las manzanas resultaron con una medida exacta de ochenta y cuatro metros setenta y tres centímetros, por cada lado, y las cales con veintiún metros veinte centímetros de ancho; y así quedaron definitivamente, declarando el señor Eppen que ese modo como todos recibían mayor extensión que la amparaban sus títulos, nadie reclamaría. (34)

El 20 de enero de 1888 empezó la venta de lotes de terreno del fraccionamiento de la Congregación de Torreón, según el plano levantado por el Ing. Federico Wulff. (35)

Don Andrés Eppen vendió la primera manzana, marcada con el número tres, a su propio hijo Jesús, en la cantidad de trescientos pesos, el 20 de enero de 1888. (36)

El primero de marzo de 1888 llegó a Torreón el primer tren del Ferrocarril Internacional afirmando este acontecimiento el interés de los primeros compradores de tierra en la naciente colonia y empezando a despertar ya una franca animación para hacer nuevas adquisiciones. (37)

Los trenes comenzaron a traer gentes nuevas que vivían tras la perspectiva de hacer negocios, y los propietarios principiaron a rentar pequeños espacios para el establecimiento de carpas e improvisadas viviendas, donde iniciaron sus primeras tentativas de actividad. (38)

El 22 de marzo de 1888, el señor Coronel Don Carlos González, compró la manzana número seis en la cantidad de trescientos pesos, y más o menos a la base del mismo precio continuó la venta de manzanas y cuartos de manzana despertándose cada vez mayor interés por adquirir, por parte de nuevos compradores. (39)

Las manzanas número 32 y 34 fueron señalados por el señor Eppen para destinarse: la primera para un Mercado y la segunda para una Plaza de Armas, las que se cedieron por un precio nominal de diez pesos. (40)

El movimiento ferroviario creció extraordinariamente en la Estación del Torreón, los pobladores aumentaron y las actividades del comercio y su naciente industria fueron desarrollándose. El conjunto social ya creado, requería imperiosamente una organización política y administrativa más amplia que la de un mero juzgado local. Y considerándolo así, los vecinos designaron una comisión que formalizara gestiones cerca del Ejecutivo del Estado, para que la congregación fuera elevada a la inmediata categoría de Villa, a fin de que pudiera organizar así un ayuntamiento que diera forma al establecimiento de los diversos servicios administrativos. (41)

La Villa del Torreón

A consecuencia del crecimiento de la Estación del Torreón, se realizaron gestiones con el ejecutivo del estado para que la estación fuera elevada a la categoría de Villa, a fin de que pudiera organizar un Ayuntamiento. El 25 de septiembre de 1893, el gobernador, Lic. José María Múzquiz, sustituto del Coronel y exgobernador José María Garza Galán, que tanto apoyo había dado al mejoramiento de Torreón, ordenó se diera cumplimiento al decreto del 24 de febrero de 1893, en donde la Estación del Torreón se erigía en Villa, designándose el primer Ayuntamiento, presidido por Don Antonio Santos Coy como presidente. (42)

La justa petición de los colonos fue atendida en los siguientes términos:

Decreto de la erección de la Villa:
"José María Garza Galán, Gobernador del Estado Libre, Independiente y Soberano de Coahuila de Zaragoza, a sus habitantes sabed:
Que el congreso del mismo ha expedido el siguiente derecho: El XII Congreso Constitucional del Estado Libre, Independiente y Soberano de Coahuila de Zaragoza, decreta:
Número 520. Artículo Primero. - Se erige en Villa, con la denominación de "El Torreón" la población de este nombre ubicada en el municipio de Matamoros de la Laguna." (43)

La primera elección de la Villa del Torreón se dio el 1 de enero de 1894, siendo electo popularmente el Coronel Carlos González como Presidente Municipal de la Villa.

La Casa Rapp, Sommer y Cía. vende la Hacienda del Torreón al Coronel Carlos González Montes de Oca. La escritura se tira en la Ciudad de México el 31 de diciembre de 1896. (44)

Siglo XX

El inicio del Siglo XX en sus siete primeros años, abarca un período sumamente sugestivo en el crecimiento de la Villa, y tan importante, que poco antes de finalizar el séptimo año, la categoría política de Torreón habría de elevarse al rango superior de Ciudad. (45)

El señor Coronel González al vender la Hacienda del Torreón y anexas, se reservó entre otras, la propiedad de una faja de terreno de quinientos metros de ancho hacia el oriente, a partir de la última línea de manzanas trazadas en el plano primitivo. Allí mando fraccionar el Coronel González una adición al mencionado plano primitivo, consistente en cuatro líneas de manzanas, de las cuales las tres primeras, comprendidas entre las calles de Ramón Corona, Galeana, Jiménez, y Javier Mina, se hicieron de ochenta y cuatro metros ochenta centímetros por lado; y la última línea comprendida entre Javier Mina y la hoy Calzada Colón, solo conservó en sus manzanas aquella medida en los lados Oriente y Poniente, dándoseles ciento sesenta y un metros treinta y un centímetros por sus costados Norte y Sur. La propiedad había alcanzado precios bastante elevados al verificar el Coronel González la venta de sus manzanas, según se puede apreciar de un informe oficial, rendido por Don Juan Castillón, como Jefe Político del Distrito de Viezca, al Ejecutivo del Estado, dando cuenta de los diversos ramos de administración pública del Municipio de Torreón, durante el año de 1907. (46)

El negocio industrial más valioso e importante: la fundición metalúrgica

El 31 de Diciembre de 1900, y en 5 de Julio de 1901, se extendieron las escrituras de los terrenos en que se habían de levantar las construcciones de la más importante negociación industrial de la Laguna, que fue y sigue siendo la Fundación Metalúrgica, que en aquel entonces era reputada como la de mayor capacidad y mejor equipada entre todas las fundiciones de plomo argentífero en la República. La compañía fue constituida en Junio de 1901, con un capital inicial de 1,200,000.00 (un millón doscientos mil pesos.) que posteriormente fue aumentada a tres millones y medio. (47)

El tonelaje total de metales beneficiados en el año de 1902, ascendió a la cifra de setenta y un mil doscientos setenta y cuatro; en el segundo año a ciento cuarenta y nueve mil cuatrocientos noventa y cinco; en 1904, el mineral fundido subió a la enorme cantidad de doscientas un mil setecientas doce toneladas. En ese año las utilidades ascendieron a seiscientos veintinueve mil doscientos setenta y nueve pesos cincuenta centavos, equivalente a un 18% sobre el capital social, habiéndose acordado, un dividendo de 14 pesos por cada acción de cien, y uno de doce pesos, por cada bono fundador. (48)

Esta prosperidad del negocio hizo aumentar la capacidad de la planta con dos hornos más, sumándose con la adición, ocho grandes hornos en operación constante. (49)

La siguiente Asamblea Accionista, acordó ante el desenvolvimiento del negocio aumentar la capital social a cinco millones de pesos. Las minas principales que por ese tiempo explotaba la compañía eran las de Cabrillas, sobre el Ferrocarril Nacional, cerca de Saltillo; la de San Diego; en Santa Bárbara, Chih.; la de Adargas, cerca de Jiménez; y las de Carbonato, Azteca y Voladora, vecinas a la ciudad de Monterrey. (50)

El Consejo de Administración estaba integrado en la forma siguiente: Presidente, Don Ernesto Madero; Vicepresidente, Don Carlos Gonzáles; Secretario, Lic. Praxedis de la Peña; Tesorero; Lic. Pedro Torres Saldaña, y vocales los señores Evaristo Madero, Tomás Mendirichaga, Lic. Frumencio Fuentes, Rómulo Larralde y Juaquín Serrano, siendo Comisario Don Joaquín Villegas. (51)

Las primeras fábricas en Torreón

En Gómez Palacio, Dgo., había fundado la Jabonera "La Esperanza" Don Francisco Belden en 1887 para aprovechar la semilla del algodón que era abundante en la región. El Sr. Brittinham se entrevistó con el Sr. Belden para formar la Compañía Industrial Jabonera de la Laguna. (52)

En 1889 Por decreto del Congreso del Estado se concede exención de impuestos municipales y estatales, salvo tabaco y licores, a los habitantes de la Estación del Torreón. (53)

Después de concedérsele la exención de impuestos al Sr. Adolfo Aymes, éste establece, en sociedad, con Luis Veyán y Cía., la primera industria: la fábrica de Hilados y Tejidos “La Constancia”, iniciando sus operaciones el 1ero de Agosto de 1890. (54)

El día 1 de agosto de 1890 Don Alfonso Aymes estableció la Fábrica de Hilados y Tejidos "La Constancia". La prosperidad de esta primera industria fue de una importancia vital y decisiva para el desarrollo de la naciente colonia y muy pronto el ejemplo del señor Adolfo Aymes habría de ser imitado por otros hombres de empresa. (55)

La siguiente industria fue la compañía manufacturera "La Alianza" S.A., fabricantes de aceites y jabones.

D. Joaquín Serrano, sabiendo que D. Rafael Aguirre, tenía una autorización y exención de impuesto para una planta de Luz en Torreón se la compró con todos sus derechos y así con un capital de cincuenta mil pesos, electrificó la Villa del Torreón, asociándose con D. José Farjas ingeniero inteligente y trabajador, que aportaba a la sociedad su trabajo. El Señor Serrano no dejaba toda la responsabilidad en sus trabjadores o en el Ingeniero, sino que personalmente supervisaba los trabajos y atendía las quejas de los usuarios. (56)

Al siguiente año de 1898, el Señor D. Joaquín Serrano solicitó y obtuvo del Gobierno del Estado una exención de impuestos pro doce años, para una fábrica d ehilao sy tejidos de algodón, que sería la Cía. Ind. De Hilados y Tejidos, La Fe, con un capital de seiscientos mil pesos. (57)

Como la fábrica de aceites y jabones que tenía D. Joaquín Serrano se destruyó por un incendio, se organizó una nueva fábrica mucho más grande, en febrero de 1900, la Fábrica de Jabón La Unión, S.A. (58)

La fábrica de Hilados y Tejidos "La Constancia", la Hiladera "La Fe", La Jabonera "La Unión", "La Alianza", "La Vencedora", "La Constancia" y en Gómez Palacio "La Amistad" y "La Esperanza", fueron abriendo sus puertas y sus nombres fueron señalando el optimismo y el espíritu de lucha y unión.

El tranvía de Torreón a Lerdo

El auge insospechado de la nueva villa, en la que se desarrollaban tantos negocios, ejercía fuerte y necesaria atracción sobre personas radicadas en Lerdo, y en la también nueva Gómez Palacio, que por venir al arreglo de sus asuntos a Torreón se veían precisadas a usar los lentos e incómodos medios de transporte existentes. (59)

De aquí nació en algunos capitalistas radicados en Lerdo la idea de una vía más rápida, la de tranvías, para unir las tres poblaciones. (60)

La línea fue primeramente de tracción animal y su éxito como servicio público y sus rendimientos como negocio, hicieron que la compañía la transformara en eléctrica, cambiando sus rieles por otros de mayor libraje y construyera soberbio puente sobre el Río Nazas. (61)

Se fundó entonces, en 1898, en Lerdo la Compañía de Tranvías de Lerdo a Torreón. El propósito de esta compañía era el de comunicar a Lerdo con Torreón, donde se encontraba la estación del ferrocarril. Los tranvías, que pasaban también por las calles y avenidas de torreón, fueron los primeros transportes colectivos y se hicieron tan indispensables que Don Pioquinto González les compuso la famosa polea “De Torreón a Lerdo”, considerada casi como un himno regional. (62)

La Compañía del Ferrocarril Eléctrico de Lerdo a Torreón adquirió la Planta de Luz Eléctrica, y ambas funcionaron bajo una misma dirección por más de veinticinco años. (63)

El 21 de febrero de 1898, por decreto del Gobierno del Estado, se autoriza la planta de luz eléctrica en Torreón, la que se inaugura el 15 de septiembre dando servicio a suscriptores particulares y a cuarenta lámparas de arco para la iluminación en las bocacalles de la Villa. (64)

Abren sus puertas la sucursal del Banco de Coahuila, la del Banco de Londres y México y la del Banco Americano en 1898. Posteriormente se instaló el Banco Chino, la sucursal del Banco Nacional de México, del Banco Agrícola Hipotecario y las agencias del Banco Mercantil de Monterrey y del Banco de Nuevo León. (65)

Asciende Torreón a la categoría de ciudad

Las plenas realizaciones logradas por los habitantes de la Villa del Torreón en un poco más de dos lustros impresionaron gratamente al Primer Magistrado de Coahuila, y éste prometió someter a la Legislatura del Estado la iniciativa para erigir en ciudad la villa. El 13 de julio de 1907, la Legislatura expedía el derecho respectivo, y el 15 de septiembre de 1907, se elevó a Torreón a la categoría de Ciudad. Era en ese entonces su Presidente Municipal el señor Rafael Aldape Quiroz, bajo la jefatura política del señor Juan Castillón.

La Revolución

Signo de gran importancia para denotar el crecimiento de la ola revolucionaria, que se establecía en las interrupciones ferrocarrileras en todas las vías, y muy poco tiempo pasó para que el Gobierno mismo tuviera que admitir, muy a su pesar, la existencia de un estado de rebelión, que se afirmaba que el Ejercito Federal sofocaría en breve tiempo. (66)

En Torreón, la falta de elementos de fuerza con que demostrar la solidez del Gobierno, hizo a la autoridad local recurrir al expediente de las persecuciones en forma violenta, contra todos los conocidos como simpatizantes del maderismo, además de que los verdaderamente maderistas que habían quedado por distintos motivos sin ir a participar en la lucha armada, ya estaban detenidos desde antes de estallar la Revolución, siendo de los primeros el Profesor Manuel N. Oviedo, hombre leal y bueno que había abrazado el ideal democrático con pureza de miras, y que fue uno de los principales organizadores del movimiento conspiratorio en Torreón, y había quedado en la Ciudad como agente; juntamente con Oviedo fueron aprehendidos y puestos en las mazmorras de la cárcel infinidad de simpatizadores platónicos del maderismo, que ningún peligro significaban para la estabilidad del Gobierno, pero la más bajas pasiones se habían desatado al calor de la contienda, y de satisfacción muchos odios personales. Estas medidas inútiles de represión, contribuyeron sin duda a lanzar a muchos ciudadanos a los campos revolucionarios. (67)

El segundo año del periodo revolucionario se inicia en La Laguna con el ataque orozquista a San Pedro y Torreón se convirtió en fuerte base militar.

La toma de Torreón

El 15 de mayo de 1911 se efectúa la primera toma de Torreón por las fuerzas Maderistas. En esta ocasión se dala matanza de los 303 chinos por las huestes revolucionarias participando también el pueblo azuzado por el General Benjamín Argumedo. Los chinos son asesinados en las huertas que tenían al oriente de la ciudad, por el rumbo del Pajonal, y en sus negocios de restaurante y lavandería así como tirados desde la azotea y ventanas del edificio del Banco Chino. (68)

El 1ero de octubre de 1913 sufre Torreón la segunda toma por las fuerzas revolucionarias, esta vez comandadas por Francisco Villa. En esta ocasión hubo grandes incendios provocados por los morteros y cañonazos de las baterías villistas bajo el mando del General Felipe Angeles. Todavía se aprecian en la antigua casa de las compuertas de los tajos del Torreón y El Coyote, Casa Colorada, y en el Casino de La Laguna las huellas de los morteros. (69)

Durante la gestión administrativa del Presidente Municipal Ing. Andrés L. Farías, se construye el edificio del Mercado Villa que en un principio se llamo Mercado Independencia. (70)

En 1915 fue inaugurado el monumento a Benito Juárez en la plazuela que lleva el mismo nombre. (71)

En 1916, por tercera y última ocasión, Torreón fue tomada por Villa. En esta ocasión exigió un préstamo forzoso, entregándosele un millón de pesos en moneda constante y sonante. Por orden de Villa se saquearon, destruyéndolas o quemándolas todas las imprentas “para que no hablaran mal de él”. (72)

Citas bibliográficas:

(1) El agua en el desierto. González González, Arturo. De Stéfano Farías, Alfredo. Universidad Autónoma de Coahuila. 1ª Edición. México 2000. Página 47.

(2) Precursores de la Comarca Lagunera. Faya Martínez, Jacinto. Editorial del Norte Mexicano. Torreón, Coah. México 1993. Página 7.

(3) Precursores de la Comarca Lagunera. Faya Martínez, Jacinto. Editorial del Norte Mexicano. Torreón, Coah. México 1993. Página 7.

(4) La Laguna de Coahuila. Dirección Regional Norte Centro, Torreón Coahuila. Fomento Cultural Banamex, A.C. México 1987. Página 30.

(5) La Laguna de Coahuila. Dirección Regional Norte Centro, Torreón Coahuila. Fomento Cultural Banamex, A.C. México 1987. Página 31.

(6) Torreón en las Letras Nacionales. Robles de la Torre, José León. 1ª Edición. Editorial del Norte Mexicano. Torreón, Coah. México 1986. Página 17.

(7) Torreón en las Letras Nacionales. Robles de la Torre, José León. 1ª Edición. Editorial del Norte Mexicano. Torreón, Coah. México 1986. Página 17.

(8) Precursores de la Comarca Lagunera. Faya Martínez, Jacinto. Editorial del Norte Mexicano. Torreón, Coah. México 1993. Página 11.

(9) Torreón en las Letras Nacionales. Robles de la Torre, José León. 1ª Edición. Editorial del Norte Mexicano. Torreón, Coah. México 1986. Página 16.

(10) Historia de Torreón. Guerra, Eduardo. 3ª Edición. Editorial del Norte Mexicano. Torreón, Coah. 1996. Página 19.

(11) Historia de Torreón. Guerra, Eduardo. 3ª Edición. Editorial del Norte Mexicano. Torreón, Coah. 1996. Página 21.

(12) Historia de Torreón. Guerra, Eduardo. 3ª Edición. Editorial del Norte Mexicano. Torreón, Coah. 1996. Página 50.

(13) Historia de Torreón. Guerra, Eduardo. 3ª Edición. Editorial del Norte Mexicano. Torreón, Coah. 1996. Página 50.

(14) Historia de Torreón. Guerra, Eduardo. 3ª Edición. Editorial del Norte Mexicano. Torreón, Coah. 1996. Página 51.

(15) El reino del algodón en México. La estructura agraria de La Laguna (1855-1910). Historia económica del Norte de México (Siglos XIX y XX). Plana, Manuel. Segunda Edición en Castellano, México 1996. Página 51.

(16) Historia de Torreón. Guerra, Eduardo. 3ª Edición. Editorial del Norte Mexicano. Torreón, Coah. 1996. Página 55.

(17) Historia de Torreón. Guerra, Eduardo. 3ª Edición. Editorial del Norte Mexicano. Torreón, Coah. 1996. Página 50.

(18) Historia de Torreón. Guerra, Eduardo. 3ª Edición. Editorial del Norte Mexicano. Torreón, Coah. 1996. Página 62.

(19) Historia de Torreón. Guerra, Eduardo. 3ª Edición. Editorial del Norte Mexicano. Torreón, Coah. 1996. Página 60.

(20) El reino del algodón en México. La estructura agraria de La Laguna (1855-1910). Historia económica del Norte de México (Siglos XIX y XX). Plana, Manuel. Segunda Edición en Castellano, México 1996. Página 53 y 54.

(21) Historia de Torreón. Guerra, Eduardo. 3ª Edición. Editorial del Norte Mexicano. Torreón, Coah. 1996. Página 64.

(22) Historia de Torreón. Guerra, Eduardo. 3ª Edición. Editorial del Norte Mexicano. Torreón, Coah. 1996. Página 64.

(23) Historia de Torreón. Guerra, Eduardo. 3ª Edición. Editorial del Norte Mexicano. Torreón, Coah. 1996. Página 68.

(24) Historia de Torreón. Guerra, Eduardo. 3ª Edición. Editorial del Norte Mexicano. Torreón, Coah. 1996. Página 68 y 69.

(25) Historia de Torreón. Guerra, Eduardo. 3ª Edición. Editorial del Norte Mexicano. Torreón, Coah. 1996. Página 70.

(26) Historia de Torreón. Guerra, Eduardo. 3ª Edición. Editorial del Norte Mexicano. Torreón, Coah. 1996. Página 75.

(27) Historia de Torreón. Guerra, Eduardo. 3ª Edición. Editorial del Norte Mexicano. Torreón, Coah. 1996. Página 75.

(28) Historia de Torreón. Guerra, Eduardo. 3ª Edición. Editorial del Norte Mexicano. Torreón, Coah. 1996. Página 76.

(29) Historia de Torreón. Guerra, Eduardo. 3ª Edición. Editorial del Norte Mexicano. Torreón, Coah. 1996. Página 72.

(30) Historia de Torreón. Guerra, Eduardo. 3ª Edición. Editorial del Norte Mexicano. Torreón, Coah. 1996. Página 76.

(31) Historia de Torreón. Guerra, Eduardo. 3ª Edición. Editorial del Norte Mexicano. Torreón, Coah. 1996. Página 76.

(32) Historia de Torreón. Guerra, Eduardo. 3ª Edición. Editorial del Norte Mexicano. Torreón, Coah. 1996. Página 77.

(33) Historia de Torreón. Guerra, Eduardo. 3ª Edición. Editorial del Norte Mexicano. Torreón, Coah. 1996. Página 77.

(34) Historia de Torreón. Guerra, Eduardo. 3ª Edición. Editorial del Norte Mexicano. Torreón, Coah. 1996. Página 77.

(35) Efemérides del Municipio de Torreón, Coah. 1848-1998. González de Montemayor, Beatriz.

(36) Historia de Torreón. Guerra, Eduardo. 3ª Edición. Editorial del Norte Mexicano. Torreón, Coah. 1996. Página 78.

(37) Historia de Torreón. Guerra, Eduardo. 3ª Edición. Editorial del Norte Mexicano. Torreón, Coah. 1996. Página 79.

(38) Historia de Torreón. Guerra, Eduardo. 3ª Edición. Editorial del Norte Mexicano. Torreón, Coah. 1996. Página 79.

(39) Historia de Torreón. Guerra, Eduardo. 3ª Edición. Editorial del Norte Mexicano. Torreón, Coah. 1996. Página 79.

(40) Historia de Torreón. Guerra, Eduardo. 3ª Edición. Editorial del Norte Mexicano. Torreón, Coah. 1996. Página 79.

(41) Historia de Torreón. Guerra, Eduardo. 3ª Edición. Editorial del Norte Mexicano. Torreón, Coah. 1996. Página 89.

(42) Historia de Torreón. Guerra, Eduardo. 3ª Edición. Editorial del Norte Mexicano. Torreón, Coah. 1996. Página 92.

(43) Historia de Torreón. Guerra, Eduardo. 3ª Edición. Editorial del Norte Mexicano. Torreón, Coah. 1996. Página 89.

(44) Efemérides del Municipio de Torreón, Coah. 1848-1998. González de Montemayor, Beatriz.

(45) Historia de Torreón. Guerra, Eduardo. 3ª Edición. Editorial del Norte Mexicano. Torreón, Coah. 1996. Página 115.

(46) Historia de Torreón. Guerra, Eduardo. 3ª Edición. Editorial del Norte Mexicano. Torreón, Coah. 1996. Página 115.

(47) Historia de Torreón. Guerra, Eduardo. 3ª Edición. Editorial del Norte Mexicano. Torreón, Coah. 1996. Página 117.

(48) Historia de Torreón. Guerra, Eduardo. 3ª Edición. Editorial del Norte Mexicano. Torreón, Coah. 1996. Página 117.

(49) Historia de Torreón. Guerra, Eduardo. 3ª Edición. Editorial del Norte Mexicano. Torreón, Coah. 1996. Página 117.

(50) Historia de Torreón. Guerra, Eduardo. 3ª Edición. Editorial del Norte Mexicano. Torreón, Coah. 1996. Página 118.

(51) Historia de Torreón. Guerra, Eduardo. 3ª Edición. Editorial del Norte Mexicano. Torreón, Coah. 1996. Página 118.

(52) Torreón en las Letras Nacionales. Robles de la Torre, José León. 1ª Edición. Editorial del Norte Mexicano. Torreón, Coah. México 1986. Página 84

(53) Efemérides del Municipio de Torreón, Coah. 1848-1998. González de Montemayor, Beatriz.

(54) Efemérides del Municipio de Torreón, Coah. 1848-1998. González de Montemayor, Beatriz.

(55) Torreón en las Letras Nacionales. Robles de la Torre, José León. 1ª Edición. Editorial del Norte Mexicano. Torreón, Coah. México 1986. Página 84.

(56) Torreón en las Letras Nacionales. Robles de la Torre, José León. 1ª Edición. Editorial del Norte Mexicano. Torreón, Coah. México 1986. Página 84.

(57) Torreón en las Letras Nacionales. Robles de la Torre, José León. 1ª Edición. Editorial del Norte Mexicano. Torreón, Coah. México 1986. Página 84.

(58) Torreón en las Letras Nacionales. Robles de la Torre, José León. 1ª Edición. Editorial del Norte Mexicano. Torreón, Coah. México 1986. Página 96.

(59) Historia de Torreón. Guerra, Eduardo. 3ª Edición. Editorial del Norte Mexicano. Torreón, Coah. 1996. Página 111.

(60) Historia de Torreón. Guerra, Eduardo. 3ª Edición. Editorial del Norte Mexicano. Torreón, Coah. 1996. Página 111.

(61) Historia de Torreón. Guerra, Eduardo. 3ª Edición. Editorial del Norte Mexicano. Torreón, Coah. 1996. Página 111.

(62) Efemérides del Municipio de Torreón, Coah. 1848-1998. González de Montemayor, Beatriz.

(63) Historia de Torreón. Guerra, Eduardo. 3ª Edición. Editorial del Norte Mexicano. Torreón, Coah. 1996. Página 112.

(64) Efemérides del Municipio de Torreón, Coah. 1848-1998. González de Montemayor, Beatriz.

(65) Efemérides del Municipio de Torreón, Coah. 1848-1998. González de Montemayor, Beatriz.

(66) Historia de Torreón. Guerra, Eduardo. 3ª Edición. Editorial del Norte Mexicano. Torreón, Coah. 1996. Página 173.

(67) Historia de Torreón. Guerra, Eduardo. 3ª Edición. Editorial del Norte Mexicano. Torreón, Coah. 1996. Página 174.

(68) Efemérides del Municipio de Torreón, Coah. 1848-1998. González de Montemayor, Beatriz.

(69) Efemérides del Municipio de Torreón, Coah. 1848-1998. González de Montemayor, Beatriz.

(70) Efemérides del Municipio de Torreón, Coah. 1848-1998. González de Montemayor, Beatriz.

(71) Efemérides del Municipio de Torreón, Coah. 1848-1998. González de Montemayor, Beatriz.

(72) Efemérides del Municipio de Torreón, Coah. 1848-1998. González de Montemayor, Beatriz.